Hoy estaba, como siempre, subida en la elíptica con DJ Tiesto a todo trapo en los oídos, pensando en mis cosas, controlándome el pulso, reflejándome en el espejo del fondo del gimnasio.
A esto entra un chico de unos veinte o veintiún años, y se pone a mi lado a darle a la bici. Cuando acaba se dirige a la máquina de dorsales, y de repente empieza a dar tumbos y se desmaya.
Me quedé clavada en el sitio, fue como si el chaval fuese de trapo. Como es normal se arma un revuelo tremendo a su alrededor. Unos diciendo que lo mejor es ponerlo boca abajo, otros que dejarlo sentado, otros que tumbarlo y ponerle los pies en alto, y mientras tanto el chico semiinconsciente diciendo que se ha quedado ciego.
Ha sido muy fuerte, qué susto dios. Al final suponemos que ha sido una descompensación del azúcar o algo, porque aunque el chico dijese que se acababa de comer un bocata, por el aspecto lívido y los bracitos que tenía se notaba que pasa hambre.
Friday, 20 February 2009
Saturday, 14 February 2009
Monday, 9 February 2009
La fascinante vida de Crucilla. Episodio I.
Por ser hijo de Juan Cruz, a él le llamaban Crucilla.
Nació allá por el siglo pasado, concretamente en el año de mil novecientos veintiuno, en la vega baja de Carmona, lucero de Europa desde los tiempos del Imperio Romano.
El padre de Juan Nogales "crucilla", era de naturaleza débil, fiel seguidor de las enseñanzas de Baco, dios del vino, y amigo de disfraces de faldita casi obscena en los carnavales del pueblo.
El pequeño Juan observaba todo lo que sucedía a su alrededor con sus inquietos ojos azules, y como de tal palo tal astilla, de hombre en ciernes, él no podía ser menos.
Pues bien, este personaje insigne, orgulloso reportero del ABC de Sevilla en su sección de Carmona y futuro cartero (o representante de Correos y Telégrafos de España, como le gustaba que le llamasen) del pueblo (entre otros muchos y variopintos oficios), era nada más y nada menos que el padre de mi madre, es decir, mi abuelo.
Hay un dicho en Carmona, que el polvo del tiempo ha ido borrando, pero que aun permanece en la mente de algunos carmonenses: "Estás más aireao que los muebles de crucilla".
Esta expresión se utilizaba para referirse a los crápulas, gente de vida desordenada y poco dada a permanecer bajo su techo más que para lo imprescindible: comer y dormir. Y no es que mi abuelo fuera un vivalavida (que tampoco estoy en posición de desmentir), más bien le vino la frase por mudarse de casa nada menos que diecisiete veces (ni una, ni dos, ni tres, sino diecisiete). Lo repetiré por si alguien simplemente ha pasado de largo, o no ha calado la profundidad del asunto: Se mudó de casa DIECISIETE veces!! Llevando por supuesto, en cada vez, el carromato hasta arriba de muebles, sábanas, y todo tipo de enseres y pequeños recuerdos (de ahí lo de los muebles "aireaos").
Mi resignada abuela le seguía cabizbaja y roja de vergüenza a cada nueva casa que, según él, era más barata, estaba en mejor sitio y tenía más luz que la anterior. Y es que según mi abuelo: "Vivir de alquiler es lo mejor que hay".
Nació allá por el siglo pasado, concretamente en el año de mil novecientos veintiuno, en la vega baja de Carmona, lucero de Europa desde los tiempos del Imperio Romano.
El padre de Juan Nogales "crucilla", era de naturaleza débil, fiel seguidor de las enseñanzas de Baco, dios del vino, y amigo de disfraces de faldita casi obscena en los carnavales del pueblo.
El pequeño Juan observaba todo lo que sucedía a su alrededor con sus inquietos ojos azules, y como de tal palo tal astilla, de hombre en ciernes, él no podía ser menos.
Pues bien, este personaje insigne, orgulloso reportero del ABC de Sevilla en su sección de Carmona y futuro cartero (o representante de Correos y Telégrafos de España, como le gustaba que le llamasen) del pueblo (entre otros muchos y variopintos oficios), era nada más y nada menos que el padre de mi madre, es decir, mi abuelo.
Hay un dicho en Carmona, que el polvo del tiempo ha ido borrando, pero que aun permanece en la mente de algunos carmonenses: "Estás más aireao que los muebles de crucilla".
Esta expresión se utilizaba para referirse a los crápulas, gente de vida desordenada y poco dada a permanecer bajo su techo más que para lo imprescindible: comer y dormir. Y no es que mi abuelo fuera un vivalavida (que tampoco estoy en posición de desmentir), más bien le vino la frase por mudarse de casa nada menos que diecisiete veces (ni una, ni dos, ni tres, sino diecisiete). Lo repetiré por si alguien simplemente ha pasado de largo, o no ha calado la profundidad del asunto: Se mudó de casa DIECISIETE veces!! Llevando por supuesto, en cada vez, el carromato hasta arriba de muebles, sábanas, y todo tipo de enseres y pequeños recuerdos (de ahí lo de los muebles "aireaos").
Mi resignada abuela le seguía cabizbaja y roja de vergüenza a cada nueva casa que, según él, era más barata, estaba en mejor sitio y tenía más luz que la anterior. Y es que según mi abuelo: "Vivir de alquiler es lo mejor que hay".
Saturday, 7 February 2009
Speed dating
Hace cuestión de un año, mientras esperaba mi turno en la consulta del ginecólogo, leí en una revista un curioso artículo sobre la moda del Speed Dating.
En resumen, la cosa consiste en lo siguiente: se reúne un número elevado de personas solteras o en busca de pareja (singles) y se concertan entre ellos múltiples citas. Cada cita dura alrededor de cinco minutos, transcurridos los cuales un miembro de la pareja (generalmente el hombre) rota para conocer a otra persona.
Al final de la ronda, las parejas entre las que haya habido feeling intercambian sus números de teléfonos o e-mails.
En el artículo además se mencionaba que, como experimento, se habían introducido un topo en varias de esas citas, para comprobar qué frases para ligar surtían efecto y cuáles no.
Al parecer, las frases que obtuvieron mejores resultados (entiéndase como mejor resultado, el que la persona desease volver a ver al topo) eran aquellas que de un modo original, interrogaban acerca de los intereses del participante (por ejemplo: ¿qué serías capaz de hacer por un millón de euros?).
No sé exactamente qué frases intercambiamos tú y yo en nuestra primera cita. Sí recuerdo que hablamos de Egipto y de nuestros ex-novios. También que quedamos en Santa Justa, y que tú llegaste en el coche de tu padre, con bastante retraso por cierto. Y que me quisiste llevar a un billar que resultó llevar cerrado algún tiempo. Y que estuvimos en Nervión Plaza sentados en una terraza, y que al irnos yo me dejé olvidada sin darme cuenta, la chaqueta de pana que llevaba. Por suerte, un hombre nos llamó y preguntó:"¿ Es suya esta chaqueta?" A lo cual yo contesté: "No". Menos mal que estabas tú y replicaste: "¿Cómo que no?".
También recuerdo que finalmente sí que fuimos a un billar, donde dejé bien claro porqué prefiero mucho antes jugar a lanzar dardos.
Y aquella película que vimos ,"El fuego de la venganza", y yo preguntándome si me besarías, mientras Denzel Washington le cortaba a uno los dedos en pantalla.
Sí que lo hiciste, y aún me recuerdas que en aquella primera vez, yo te metí la lengua sin avisar.
Hacía tiempo que mi corazón no se aceleraba, que no me galopaba en la garganta. Que no sentía que me faltaba el aire.
Cuando terminó la película me dejaste en casa, y como siempre yo te dije: "Gracias".
Gracias por el fuego, por tu claridad, por tu mirada sincera.
En resumen, la cosa consiste en lo siguiente: se reúne un número elevado de personas solteras o en busca de pareja (singles) y se concertan entre ellos múltiples citas. Cada cita dura alrededor de cinco minutos, transcurridos los cuales un miembro de la pareja (generalmente el hombre) rota para conocer a otra persona.
Al final de la ronda, las parejas entre las que haya habido feeling intercambian sus números de teléfonos o e-mails.
En el artículo además se mencionaba que, como experimento, se habían introducido un topo en varias de esas citas, para comprobar qué frases para ligar surtían efecto y cuáles no.
Al parecer, las frases que obtuvieron mejores resultados (entiéndase como mejor resultado, el que la persona desease volver a ver al topo) eran aquellas que de un modo original, interrogaban acerca de los intereses del participante (por ejemplo: ¿qué serías capaz de hacer por un millón de euros?).
No sé exactamente qué frases intercambiamos tú y yo en nuestra primera cita. Sí recuerdo que hablamos de Egipto y de nuestros ex-novios. También que quedamos en Santa Justa, y que tú llegaste en el coche de tu padre, con bastante retraso por cierto. Y que me quisiste llevar a un billar que resultó llevar cerrado algún tiempo. Y que estuvimos en Nervión Plaza sentados en una terraza, y que al irnos yo me dejé olvidada sin darme cuenta, la chaqueta de pana que llevaba. Por suerte, un hombre nos llamó y preguntó:"¿ Es suya esta chaqueta?" A lo cual yo contesté: "No". Menos mal que estabas tú y replicaste: "¿Cómo que no?".
También recuerdo que finalmente sí que fuimos a un billar, donde dejé bien claro porqué prefiero mucho antes jugar a lanzar dardos.
Y aquella película que vimos ,"El fuego de la venganza", y yo preguntándome si me besarías, mientras Denzel Washington le cortaba a uno los dedos en pantalla.
Sí que lo hiciste, y aún me recuerdas que en aquella primera vez, yo te metí la lengua sin avisar.
Hacía tiempo que mi corazón no se aceleraba, que no me galopaba en la garganta. Que no sentía que me faltaba el aire.
Cuando terminó la película me dejaste en casa, y como siempre yo te dije: "Gracias".
Gracias por el fuego, por tu claridad, por tu mirada sincera.
Friday, 6 February 2009
26 años
Cada vez tengo más claro que estoy llegando a la edad buena, la buena de verdad. Ese momento en la vida en que sabes realmente quien eres, lo que esperas del futuro, lo que quieres en la cama.
En que te has dado una tregua, has bajado el listón de las expectativas demasiado elevadas, has relajado la condición de ultraperfeccionista.
Y se siente bien, joder, se siente de puta madre.
En que te has dado una tregua, has bajado el listón de las expectativas demasiado elevadas, has relajado la condición de ultraperfeccionista.
Y se siente bien, joder, se siente de puta madre.
Tuesday, 3 February 2009
Sunday, 1 February 2009
Tan posible
Hay palabras que apaciguan, que concilian, que acercan en mi interior las dos paredes de una sima profunda y sombría, que lleva demasiado tiempo abierta, como una herida en el basamento de una montaña.
Eres tú el que las lees en mi, el que sondea el negro cristalino al fondo de mi pupila y las extrae con precisión cirujana. No quiero dejar de escucharte, tu voz hace que todo parezca tan simple, tan fácil, tan posible.
Realmente hay pocos lugares como este. De un modo u otro, casi todos los refugios tienen con el tiempo alguna cuenta pendiente. Pero aquí a duras penas puedo concretar esta luz en un atardecer, o en un amanecer, hasta que el paso de las horas me trae o no la noche. Han podido pasar años, desde que nos sentamos rozándonos las rodillas y me pediste que te hablara, que te contara, que tratara de explicarte el porqué de mi silencio o de mi voz desaforada.
Sé que el café se ha enfriado en la taza azul, siento que el último tronco de madera humedecida ha ardido por completo, consumiendo parte de nuestro oxígeno. Sé que lleva lloviendo desde que alumbramos al mundo, y que desde entonces no ha parado. Pero no tengo ni idea de qué día es, en qué mes estamos, cuánto hemos hablado y cuánto hemos concedido al lenguaje de nuestras manos.
Siento que puedo dejar de contener el torrente de agua, que en mi corazón había empezado a emponzoñarse, contaminando las paredes rojas, haciendo que doliese tanto como un dardo oxidado. Abrir el dique implica inundarte de ese agua infectada de larvas de mosquito, obligarte a flotar en ella, a buscar en ella un lugar donde hacer pie.
Sin embargo te he visto nadar como si estuvieras en un manantial, con los labios morados por el frio subterráneo, pero sin dejar de mirarme y esbozando algo parecido a una sonrisa.
Eres tú el que las lees en mi, el que sondea el negro cristalino al fondo de mi pupila y las extrae con precisión cirujana. No quiero dejar de escucharte, tu voz hace que todo parezca tan simple, tan fácil, tan posible.
Realmente hay pocos lugares como este. De un modo u otro, casi todos los refugios tienen con el tiempo alguna cuenta pendiente. Pero aquí a duras penas puedo concretar esta luz en un atardecer, o en un amanecer, hasta que el paso de las horas me trae o no la noche. Han podido pasar años, desde que nos sentamos rozándonos las rodillas y me pediste que te hablara, que te contara, que tratara de explicarte el porqué de mi silencio o de mi voz desaforada.
Sé que el café se ha enfriado en la taza azul, siento que el último tronco de madera humedecida ha ardido por completo, consumiendo parte de nuestro oxígeno. Sé que lleva lloviendo desde que alumbramos al mundo, y que desde entonces no ha parado. Pero no tengo ni idea de qué día es, en qué mes estamos, cuánto hemos hablado y cuánto hemos concedido al lenguaje de nuestras manos.
Siento que puedo dejar de contener el torrente de agua, que en mi corazón había empezado a emponzoñarse, contaminando las paredes rojas, haciendo que doliese tanto como un dardo oxidado. Abrir el dique implica inundarte de ese agua infectada de larvas de mosquito, obligarte a flotar en ella, a buscar en ella un lugar donde hacer pie.
Sin embargo te he visto nadar como si estuvieras en un manantial, con los labios morados por el frio subterráneo, pero sin dejar de mirarme y esbozando algo parecido a una sonrisa.
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