Sunday, 1 February 2009

Tan posible

Hay palabras que apaciguan, que concilian, que acercan en mi interior las dos paredes de una sima profunda y sombría, que lleva demasiado tiempo abierta, como una herida en el basamento de una montaña.
Eres tú el que las lees en mi, el que sondea el negro cristalino al fondo de mi pupila y las extrae con precisión cirujana. No quiero dejar de escucharte, tu voz hace que todo parezca tan simple, tan fácil, tan posible.

Realmente hay pocos lugares como este. De un modo u otro, casi todos los refugios tienen con el tiempo alguna cuenta pendiente. Pero aquí a duras penas puedo concretar esta luz en un atardecer, o en un amanecer, hasta que el paso de las horas me trae o no la noche. Han podido pasar años, desde que nos sentamos rozándonos las rodillas y me pediste que te hablara, que te contara, que tratara de explicarte el porqué de mi silencio o de mi voz desaforada.
Sé que el café se ha enfriado en la taza azul, siento que el último tronco de madera humedecida ha ardido por completo, consumiendo parte de nuestro oxígeno. Sé que lleva lloviendo desde que alumbramos al mundo, y que desde entonces no ha parado. Pero no tengo ni idea de qué día es, en qué mes estamos, cuánto hemos hablado y cuánto hemos concedido al lenguaje de nuestras manos.

Siento que puedo dejar de contener el torrente de agua, que en mi corazón había empezado a emponzoñarse, contaminando las paredes rojas, haciendo que doliese tanto como un dardo oxidado. Abrir el dique implica inundarte de ese agua infectada de larvas de mosquito, obligarte a flotar en ella, a buscar en ella un lugar donde hacer pie.
Sin embargo te he visto nadar como si estuvieras en un manantial, con los labios morados por el frio subterráneo, pero sin dejar de mirarme y esbozando algo parecido a una sonrisa.

No comments: