En ti todo es dejarse caer, con la inútil resistencia que, al despertar de la siesta, se intenta oponer a cualquier tentación.
La primera vez siempre tengo la sensación de ir detrás de mis manos, queriendo saber lo que están tocando, pero llegando tarde a cada parte de tu cuerpo. Cuando siento tu boca en mis dedos, ellos ya están bajando por tu espalda. No sé hasta que punto toco tu piel, o son mis manos acariciando el aire y dándole tu forma.
El resto de las veces, aunque no la parezca, sólo estás tú. Quiero que sólo estés tú, que lo busques sin pensar en mí, y lo encuentres, para así, compartir el mismo sueño.
Ahora que te has ido, no puedo comprender cómo pude estar tanto tiempo sin verte. No sé que clase de mentira me contaba cada noche, que podía sobrevivir, que no estaba sola, que no necesitaba tu cuerpo, tu miel, tu amargo sabor. Y mis manos cada una de esas noches, simulaban tus caricias, apretaban mis pechos como si estuvieras tú mordiéndolos...y así, cada día seguía esperando, acumulando un deseo de tan insatisfecho, veneno.
Siempre me dices que no te diga que te quiero. Tampoco puedo comprender eso, ya que yo sólo quiero oírlo. De débil me avergüenzo, me rechazo, me doy cuenta de que pendo de un hilo y no se me da bien mantenerme en equilibrio.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment