Érase una relación de amor y odio entre Irene y una asignatura. La asignatura en cuestión tiene el escueto nombre de "Transmisión de Datos" o como a su profesor le gusta llamarla "Comunicaciones Digitales".
Bueno, pues Irene llevaba la asignatura desde hace años. Cada nuevo curso compraba los apuntes que salían por copistería, bajaba de la web todo lo relacionado, incluso alguna vez hizo un resumen, del tema 1, por supuesto.
En uno de esos giros del destino, Irene acabó en Valencia. Allí no sólo aprobó la asignatura continuación de Transmisión de Datos, sino que sacó matrícula.
Como consecuencia, Irene empezó a pensar que tal vez se le daban bien las materias que requerían ese tipo de pensamiento, o razonamiento lógico, o lo que sea.
Así que cuando alguien le preguntaba, ella siempre decía que la entendía, que se le daba bien, en definitiva, que se veía capaz.
Muchas de las veces, ni siquiera se creía a si misma. Pero lo cierto es que iba a clase y se enteraba. Cuando el profesor preguntaba algo, ella era siempre la primera (o la única) que contestaba. A veces incluso le daba vergüenza, sentía que tal vez no daba oportunidad a los demás.
En definitiva, creyó que podía. Su asignatura más difícil, la que nunca aprueba, la que la persigue: la falta de confianza.
Tal vez de tanto decir que la dominaba (aunque no hubiese hecho ni un problema), o que las matemáticas eran lo suyo, inconscientemente empezó a creer.
Así que se presentó al examen, con la insoportable carga de su desconfianza a las espaldas, más por curiosidad, que por intención de aprobar.
Cuando vio que el examen no se parecía a ningún otro que hubiese visto antes, la tristeza la invadió. Miró el reloj, y advirtió que faltaban 4 horas para que terminase el examen. Deseó levantarse, irse, dejar de sentir aquella angustia, pero entre otras cosas, le daba vergüenza. Se había encontrado un día al profesor en el gimnasio, y de algún modo, le hizo saber que la conocía, que estaría pendiente de ella.
Tomó la decisión de intentarlo, pero las cuentas no salían, no se le ocurrían las cosas, no cuadraba. Veía a la gente levantarse, dejando el examen en blanco, y por un momento sintió envidia. Luego veía a sus compañeros, cabizbajos, ensimismados, entregados a un frenesí de teclas de calculadora. Entonces los envidió a ellos.
Pasadas 4 horas entregó el examen, con una inexplicable sensación de derrota.
Irene esperó impaciente a que salieran los resultados, y más por curiosidad que por otra cosa, eso sí, con el corazón en un puño, vio que no sólo había aprobado, sino que había sacado la mejor nota.
Tuesday, 2 February 2010
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3 comments:
Los sueños se cumplen :)
Aiiins.
Trust yourself. Always.
PC, nada que decir acerca de que yo siempre confié en ti? eh ?
:-(
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