La noche de ayer me sentía con el estado de ánimo perfecto para reflexionar. Sin embargo, la noche tomó un rumbo inesperado, y acabé quitándome la ropa bajo una luz de flexo.
Esta mañana no puedo garantizarte que merezca la pena leerme. Bien sabrás que de donde no hay, no se puede sacar.
¿Entonces, por qué escribir sin tener nada concreto que contar? No tengo respuesta para eso. A veces el silencio incita más que la mayor de las aventuras, y sentarme a teclear es la consecuencia natural de pensar demasiado.
O de no pensar nada en absoluto. La condición necesaria para la meditación profunda, para "entrar en contacto", para discernir el propio yo...y deja que lo que suceda en ti, suceda. ¿A qué viene esto? Pues a que precisamente ayer, en el último lugar que podrías imaginar, alguien me estuvo conminando a ir a la India, a recibir cursos de meditación y autoestima... Sus palabras exactas, fueron: A ti te vendría bien. Y a cuenta de esto yo me pregunto, ¿de verdad es tan evidente?
Dejando esto a un lado, y evitando por enésima vez caer en ese vórtice que me escupe al final del embudo, hay algo de lo que sí me gustaría hablarte.
En Valencia, tengo la sensación de que el tiempo a duras penas, pasa. Estar aquí no entraba en mis planes en la misma medida que no entraba haberla conocido a ella. Tal vez sea esto una estación ausente, un período que no existe, algo que de existir podría ubicarse entre el verano y el otoño. Un lugar de paso.
Me resulta difícil, por no decir imposible, abrirme con quien sé que probablemente desaparezca de mi vida justo en el momento en que empiece a ser imprescindible (-aunque bien sabes, que nadie lo es-). Como si nada de esto fuese realmente importante. Ni las alegrías tales, ni los problemas la mitad de graves.
¿Para qué entonces registrar caras, asociar a esas caras una etiqueta donde diga su nombre? Donde además, liste una serie de rasgos significativos, datos objetivos, subjetivas apreciaciones.
Es el proceso inevitable al conocer a un nuevo elemento. Consumo de recursos propios para mantenerlo en memoria, sin la certeza de que ese esfuerzo se vea retribuido.
De todos modos, y a decir verdad, pocas personas despiertan realmente mi interés. Aparte, me dejo influir en gran medida por las primeras impresiones, con lo cual, no resulta tan agotador tener que estar fingiendo que me importa lo que tal o cual me está contando. Se me nota enseguida, y por suerte la realimentación funciona.
Sunday, 30 November 2008
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1 comment:
Uy, pues yo a veces no consigo hacer ver que no me interesa en absoluto lo que la gente me cuenta. Ya ves, llevar la ironía hasta su máximo esplendor tiene sus cosas.
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