Hay días (días, no noches), en los que el viento de poniente entra con fuerza, y casi con rabia por las ventanas. El cielo tiene entonces la común cualidad de estar un poco nublado, pero no con calima, sino con unas nubes algodonadas y perfectas. Algunas reflejan la luz y son blanquísimas, otras absorben la sombra y son de un azul grisáceo.
El viento es siempre frío, y al cruzar la habitación en dirección al patio, disminuye la temperatura de la habitación al menos un par de grados.
Justo enfrente de mi ventana hay un embalse de agua subterránea, que lentamente ha ido aflorando a la superficie hasta formar un lago (la vida hace tiempo que surgió en él, como de las aguas primigenias). No está ahí por ningún motivo, sólo está, sin más.
Muchos tipos de pájaros vienen a beber de este agua ponzoñosa (y muchas clases de insectos), y de insectos. El riesgo de tener abiertas las ventanas todo el día, es que algunos entren y se posen en el alféizar, o se agarren con sus patitas peludas a las cortinas. Sobre todo a partir del mediodía, es muy probable que entre una libélula. A las libélulas no les gusta la noche para volar (tal vez no vean bien en la oscuridad), porque no ven bien en la oscuridad. Son hermosas, tranquilas e inofensivas, pero su abdomen alargado, sus enormes ojos facetados y sus grandes alas parecen no gustar a la mayoría.
A menudo las veo posadas durante horas en la ropa tendida, o tomando el Sol encima de un zapato puesto a secar (sí, de un zapato).
El lago refleja la luz sobre el techo de mi habitación, formando un rectángulo dorado y acuoso, que vibra como si la propia luz estuviese hecha de agua. Con auténtica nostalgia, con una frecuencia apacible y serena, casi musical.
Estos días son muy poco frecuentes (sobre todo en verano), y menos en verano, y tienen una cualidad próxima a la sorpresa de ver una sonrisa en boca de quien, sólo de vez en cuando, sonríe.
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2 comments:
Escribes realmente bien...
Necesito que me expliques dos de los tres paréntesis :P
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