Wednesday, 2 July 2008
Sandstorm
No te conocí hasta que entré en el pliegue remoto de tu cuerpo. En ese lugar de claridad infinita, entre dos luces, la mía y la del alba. Sin más noche que la quedó entre mis piernas, sin más tiempo.
Ahí sólo queda la dispersión de un polen inútil, un beso sin aire que besa lo que en mí arremete.
El cuerpo amortigua el clamor de una carrera opaca. Que empieza en el límite brillante de la última piel que te llevas, arena en una tormenta. Volver se vuelve como la fiebre, y acaba en un cierre de ojos. Tengo unas ganas locas de
gritar,
de abrirte,
de encajar tus piernas en una escuadra y buscar tu rabia sin alas.
Todo es verano. El cielo es rojo a todas horas, a todas horas la necesidad de dejarse caer en esa grieta húmeda y palpitante. Sin ella andar buscándola,
aquí,
allí,
allá,
donde sea, pero tenerla, lamerla, exprimirla, dejarla morir y verte renacer.
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