Friday, 25 July 2008

Quema papi, quema

Esta mañana me ha costado la propia vida levantarme de la cama. Me siento como si me hubiesen dejado olvidada encima de una plancha de asar. Tengo la piel abrasada, aunque por suerte yo no soy de tendencia roja, con lo cual no parezco un salmonete.
No sé si me ha dado una insolación, pero siento escalofríos y me duele la cabeza.
Y eso que me puse protección. El sol de las tres de la tarde, y el levante que lanza la arena contra tu cuerpo como una exfoliante, no entienden de cremas.

El espectáculo de la playa se supera cada año. Los hits del día de ayer fueron una niñata pija maltratando a sus viejos padres, una señora con las tetas más feas que he visto en mi vida jugando a las paletas y haciéndolas destacar, una pareja de yonkis follando en mitad de la playa con una toallita puesta por encima del culo, y el negrito vende vestidos que se nos sentó al lado a charlar.
La verdad es que me dio un poco de pena. Dice que manda a su casa todos los meses 500 euros con los que come su familia, que son pobres, además de ser seis o siete. Tenía 24 años pero parecía mucho mayor. Dice que llegó aquí en patera y que trabajaba en la construcción.
Me preguntó qué hacía yo, y dije: "ingeniero"...se le iluminó la mirada y dijo: ingeniera, tú rica. Yo pobre.
Es tremendo el drama de la inmigración. Lo que los mueve es el instinto más irreprochable que existe, el de supervivencia. Y la fuerza que los tira al mar no es otra que la desesperación.
Yo haría lo mismo si el mundo en el que hubiese nacido no me permitiese vivir.

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