Friday, 6 June 2008

De todos los minutos, ese

Veinticuatro minutos antes de lo previsto y andar tirando de un cansancio que precede cualquier esfuerzo, plúmbeo, como de mallas de arrastre, que flotan en suspenso para después, hundirse.
Despertarse. Sin quererlo, incapaz de toda resistencia. Sin ser todavía tan yo, como para poder desnudarme de lo nocturno. Espectar el crepúsculo.
Luchar, rebatir el tiempo, el insomnio de la hora caronte. Sabiendo que el día hoy, va a tardar en terminarse. Una ducha, hacer café y entonces, tal vez, ver un camino abrirse.
Salta el despertador, ignorante eso sí, de mis ojos abiertos. A qué despertar lo ya despertado. Dejarlo sonar con una sensación de venganza, y de triunfo.
No lo busqué, cómo hallar vacío en el vacío. Sólo vino y yo dejé que se adhiriera primero a mi piel, luego a mi conciencia y de ahí, al ello o más bien, al aquello.
Esta mañana sin mí, demasiado aún en su musgo, en su azul, en su hueco de aire negro. Murciélago peludo que aletea contra el cristal de mi ventana, y dentro hay luz.
Ahora se ve que fue el goteo de un grifo imposible de cerrar, rítmico, resonante y a veces ensordecedor.

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