Lo malo de hacer las cosas siempre a la misma hora es que, inevitablemente, tu rutina colisiona con la de los demás y te los encuentras todos los días.
El viejo con bastón y gafas de aviador que me pregunta cuántas vueltas me quedan. La señora mayor con bambito y zapatillas que me chilla que voy a ganar las Olimpiadas.
Luego hay tres barrenderos. Uno de ellos va en un camión cisterna que tiene dos enormes escobillas giratorias con las que va limpiando la calzada. Avanza muy despacio, levantando a su paso una nube de agua sucia e inmundicia. Éste se limita a tocarme el cláxon cada vez que paso.
Los otros dos van barriendo la calle arriba y abajo, con dos escobones de paja. Llevan unos monos color amarillo reflectante con los que es imposible pasar desapercibido.
Imposible es también evitarlos, pues al ir cambiando constantemente de acera, tarde o temprano me los he de cruzar.
El más mayor parece completamente absorbido por su trabajo. Se afana en dejar la acera impoluta, y frunce el ceño cuando se encuentra un chicle pegado o un helado derretido.
El otro es más joven y se le nota que carece de la más mínima vocación de barrendero. Barre con desgana sobre lo que su compañero ya ha barrido.
La segunda vez que me vio pasar me dijo ¡Hija, qué ojos tienes! y yo, como no podía ser de otro modo contesté Gracias. Desde entonces, cada vez que ve me sonríe y me saluda. Últimamente ha acompañado el gesto con lo que pretende ser un pícaro guiño de ojos. A veces incluso, me tira un beso.
Yo, como soy tonta, le sonrío y le devuelvo el saludo. Y lo peor es que como doy siete vueltas a la manzana, catorce veces se repite la cómica escena que tiene mucho de absurda.
Luego me quejo de tengo un imán para los frikis del pueblo...si es que me los tengo merecidos.
Friday, 30 May 2008
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

1 comment:
No veo que seas tonta por contestar halagos con una sonrisa. Lo malo viene cuando te duele la boca de sonreír tanto. Cuando te halagan demasiado, algo no va bien.
Post a Comment