El charco había disminuido su tamaño considerablemente y se había quedado en menos de la mitad. No se explicaba dónde había ido a parar el resto de la sangre, pero le aterraba la idea de que se hubiese evaporado y la estuviese respirando a la vez que el oxígeno.
Mucho más probable era que se hubiese filtrado a través del suelo hasta el piso inferior, pero esa idea ni siquiera la había considerado, y antes que eso llegó a pensar que el cuerpo la había reabsorbido.
La viscosidad de la sangre lo había desconcertado. Cuando alguna vez se había cortado accidentalmente y la había visto brotar, le pareció mucho más líquida (claro que en ese caso eran sólo unas gotas, y no los dos litros que cubrían las losas blancas y salpicaban las paredes). Esta sangre era espesa, casi negra, pegajosa como la miel. Metálica, muerta.
Sin embargo ella permanecía intacta, era como si la muerte se hubiese quedado a un centímetro de su piel, intrigada, esperando rematarla. Sus ojos abiertos en un gesto de incredulidad, sus mejillas cortadas por el frio, sus labios fruncidos pronunciando el HORROR. A pesar del rigor mortis su cuerpo parecía extrañamente liviano, casi inmaterial, como si la gravedad lo hubiese abandonado a la vez que la vida...
Thursday, 19 June 2008
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1 comment:
Que lugrubez...
pero me ha gustado ^^
¿llegaste a mi por Titoito? :)
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